Cuando decimos “adiós”

En ocasiones cuando un ser querido fallece, muchas veces nos sujetamos a normativas sociales, actos de etiqueta de cómo debemos comportarnos, qué debemos pensar, qué no pensar; y en ocasiones una variedad de temáticas abordan y buscan definir a ese ser querido: estereotipos sociales, estilos de vida, culturas, subculturas, religión, entre otras; sin realmente detenemos a ver y evaluar la verdadera esencia que formó parte de nuestra vida, de nuestro crecimiento, de nuestro aprendizaje, de nuestros éxitos compartidos… de todo aquello que nos lleva a un sin número de conocimientos que resultan integrales, beneficiosos y completamente significativos en este proceso de duelo.

¿A qué necesitamos prestar atención ante la partida de un ser querido? La respuesta a esto podría parecer corta, pero sin lugar a duda es algo totalmente extenso y distintivo a lo frecuente, como algún acontecimiento memorable, o una pronunciada huella de dolor en nuestra vida en donde dicha persona nos acompañó sin hesitación; no obstante debemos saber que todo es parte del proceso normal al que estamos sujetos en esta vida; donde lo mejor es ver lo bueno y maravilloso que dejaron en nosotros, aun cuando el solo recordarlo nos resulte difícil, como un hijo fruto del amor, una experiencia, un detalle, un aprendizaje o incluso un gesto que contribuyó a ser quienes somos hoy en día,

Por ello, lo mejor que podemos hacer es enfocarnos en lo positivo, lograr quitar la venda de nuestros ojos, abrir nuestra mente, aceptar lo bueno, desechar lo negativo, y sumarnos al gran viaje de la vida; puesto que solo somos almas enviadas a cumplir una misión, un propósito, superando variedad de obstáculos victoriosamente; todo lo que pasamos de alguna manera implícita nos va ayudar a crecer diariamente, tanto en lo personal, como en lo espiritual y lo social.

Así que estimado lector, no dejes que las situaciones adversas como las relacionadas con pérdidas endurezcan tú corazón; tampoco te dejes dominar por tus pensamientos o emociones encontradas; en esos momentos es importante tomar un minuto de calma, contar hasta cinco, y recordar solamente los instantes maravillosos que viviste con esa persona; después si necesitas llorar ¡hazlo!, porque lo mejor que puedes hacer como primer paso es simplemente expresar tus emociones; el guardar sentimientos en ocasiones propicia un desequilibrio que puede llegar a proyectarse tan rápidamente afectando por completo tu salud en pocos días, eso es traducido como somatización. No debes permitir que la situación te domine sino tú dominar la situación.

Aprende a vivir mirando más allá de lo acontecido. Un día alguien preguntó si lo correcto es colocar la lámpara debajo de la mesa o encima de la misma, haciendo énfasis en que no hay nada oculto en la tierra; así debe ser tu forma de ver el mundo, no solo observando debajo de la mesa sino el panorama completo, como esa luz que representa la persona que perdiste y que vivirá eternamente en tu corazón, o esa esencia especial que mora en ti gracias a un peldaño de conocimiento o amor sembrado. Si algún día llegases a caer ¡levántate!, asimila, comprende, y lucha por seguir adelante. La actitud, la palabra y el carácter son las claves para continuar tu camino. Nada es imposible cuando crees con todas tus fuerzas que lo puedes lograr. Es como esa leve y dulce sensación de respirar el aire puro y energético del hermoso amanecer de la mañana.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *